jueves, 1 de noviembre de 2007

DICK


"-Hemos abolido la guerra, así de sencillo. Tenemos una cultura tan homogénea como la de la Roma antigua, una cultura común para toda la humanidad, a lo largo y ancho de la galaxia. Cada planeta se encuentra tan implicado en ella como cualquier otro. No hay diferencias culturales que alimenten la envidia y el odio."

Eso escribió Phillip K. Dick en su cuento "Un recuerdo". Cuando leía esto hace muchos años pensé en las maravillas de la ciencia ficción mientras los coetáneos me decían que era una pérdida de tiempo, lo cual me parecía aún más romántico. Tan romántico que di la vuelta como retrógrada y comencé a tener amores platónicos con libros que no había leído. Como no tenía mucho dinero, no podía comprar las novedades editoriales que en realidad me importaban. Tratándose de libros extraños, ningún editor en su sano juicio emprendería la engorrosa tarea de comenzar una traducción. La única oportunidad era pedirlos por la red. Pero yo era joven y no tenía tarjeta de crédito, así que me devané los sesos con noise de sintetizadores de amigos para poder imaginar esos mundos extraños que la nueva ciencia ficción del siglo XXI estaba proponiendo. Leí sus pesadillas hasta muchos años después.

Más que sci-fi, esa literatura comenzó a tocar los temas que terminarían por difuminar el significado de ficción. Si bien muchos libros habían tratado de borrar las líneas entre lo estrictamente real y lo estrictamente fantástico, incluso lo periodístico, la nueva sci-fi (como lo mercadearon hace muchos años) planteó una especie de estoicismo a prueba de morales decimonónicas. Es decir, los nuevos libros comenzaron a estar conscientes de la virtualidad de los derechos humanos, un invento reconocidamente romántico en su raíz ilustrada, y la importancia de los sentimientos del autor, como si un grupo de lectores hubieran tomado por bandera la inutilidad de los sentimientos (el Monsieur Teste de Valery), y la disciplina musical de John Cage, que buscaba desacostumbrarnos de los sentimientos socialmente convenidos como bellos.

Una nueva feldad, lejos del acero helado y los robots con nanotecnología, se perfiló en el horizonte de la humanidad. El horror que la raza humana despedía se volvió en un aspecto guiñolesco de la realidad.

Por esto, el boom de los foros de discusión arrojó al mercado sendos trabajos colectivos y festivales virtuales de ideas, licuadoras de posiblidades con métodos de búsqueda a través de Google, una vez que lograron capturar el 90 por ciento de los libros del planeta.

Dick tuvo algo que ver. Unos dicen que todo, y otros dicen que sólo un poco. Yo creo que más tuvo que ver H. G. Wells.

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